lunes, 2 de abril de 2012

PRACTICAR Y PREDICAR


Al leer la denuncia que el Sindicato Unificado de Policía hace sobre el doble rasero que se gastan las clases dirigentes me ha venido a la cabeza una cita de Groucho Marx: Éstos son mis principios, si no le gustan tengo otros. Porque en realidad todo se reduce a eso, a tener o no tener auténticos principios. Verán, un familiar muy cercano de extremísima derecha predicaba una moral impregnada en olor a cerrado y sacristía. Nada que objetar de no ser porque, para sí mismo, se permitía comportamientos más que licenciosos y distraidos. Al enfrentarle con las contradicciones entre su práctica y su prédica, la respuesta siempre era un pedagógico sopapo. Más o menos, lo que hace este Gobierno con las personas que no tragamos con su exigencia de austeridad. Jarabe de palo para aclararnos las ideas. A mí ya me las dejaron nítidas desde bien pequeña. Aprendí a respetar la coherencia por encima de todas las cosas a pesar de la manta de hostias que me suele llover por esta inclinación. Según el SUP, cada ministro cuenta con cinco coches de alta gama a cargo de nuestros exhaustos bolsillos. A esto hay que sumar chóferes, escoltas y mantenimiento del tinglado. Un derroche que califican de superfluo y corrupto puesto que, mientras recortan y exigen sacrificios a los más débiles, ellos se comportan como jeques árabes. Aquí no hay asomo alguno de coherencia. Ni tampoco de vergüenza. Por eso está claro que no van a contar con mi respeto, simplemente por principios. Los míos claro, que mejores o peores no están a la venta como los de ellos. Solo una última pregunta para el SUP: ¿Estáis dispuestos a continuar sirviendo a estos señores? ¿Váis a seguir levantando la porra contra vuestras hermanas y hermanos para defender sus intereses? El órdago sería demostrar que, antes que policías, sois seres humanos que también tenéis principios. Por lo menos más que los que os están ordenando canearnos

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