miércoles, 11 de enero de 2012

TODO POR LA PATRIA

Los líderes nos piden sacrificios heroicos. Todo por la patria. Los sueños, el futuro, el pan y la vivienda. Hasta la última gota de nuestra hemoglobina. Todo por la patria. Pero, ¿dónde está mi patria?, ¿de quiénes o de qué deberíamos salvarla? Yo no se bordar banderas ni entonar himnos que exalten las virtudes de esta vieja España. Nací en medio del mundo y soy su ciudadana. Mi Patria, la única que reconozco, ya estaba cautiva y desarmada. Presa de la usura, de la desesperanza. De un sistemático desahucio que nos está robando el alma. Los que dirigen el saqueo nos susurran que la autoinmolación es el único camino. Que no nos queda de otra que someternos al estupro global orquestado por corruptos, cocadictos, irresponsables y necios megalómanos. Quizás esto nos pase por habernos echado la eterna siesta del carnero. Por haber permitido que nos pastoréen tiburones y lobos que tan siquiera han aprendido a camuflarse con la piel de los borregos. Nadie es inocente. Tampoco las víctimas. Ahora que la sangre nos llega a la cintura cabe preguntarse: ¿ Hacia donde mirábamos cuando Matas, Camps o Fabra se enriquecían con el dinero público? ¿Hacia donde para no ver el fasto inexplicable del yernísimo? ¿O mientras se hinchaba la burbuja inmobiliaria, se construían aeropuertos sin aviones y algunos políticos se metían ingobernables subvenciones por la tocha? Estábamos ahí mismo. Ajenos a los trapicheos de los cargos electos. Desentendiéndonos de nuestros deberes democráticos de vigilancia. Desoyendo el atronador estruendo de las alarmas. Aprobando tácitamente sus pornográficos comportamientos. Nadie es inocente. Señorías y parias compartimos la culpa. Unos por codicia. Otros por dar alas a los asaltadores con nuestro silencio. Por no saber defender a cara perro la dignidad mancillada de los pueblos. La Patria que yo amo no teme al terrorismo del estado ni de los mercados. No se doblega ante el sable de los especuladores y prefiere morir a vivir arrodillada. No tiene más fronteras que la ilusión y la rabia de las personas que quieren permanecer de pie y con los ojos bien abiertos. Por esa Patria muero y me desangro. Por ella, sí que vale la pena darlo todo.
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1 comentario:

  1. Mi patria esta allá donde me encuentre. La forman quienes la aman y la defienden, más allá de colores, razas, religiones o banderas. Solo aquellos que se unen para combatir las injusticias, luchar por un mundo mejor y defender a los más pobres, los humildes, los abandonados, los que carecen de todo, son mis compañeros de viaje. Por ellos vale la pena luchar

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